
Según estimaciones de Thunder Said Energy, la demanda mundial de litio crecería a un ritmo cercano al 9% anual durante los próximos diez años, empujada por los vehículos eléctricos, pero cada vez más también por el almacenamiento de energía a gran escala, la robótica y los centros de datos que sostienen el desarrollo de inteligencia artificial. La oferta, en cambio, se expandiría a un ritmo bastante menor (alrededor del 6% anual), lo que abriría una brecha estructural de entre 20% y 30% hacia 2030-2035.
La producción mundial actual ronda las 260.000 toneladas anuales de litio contenido, repartidas entre roca dura (dos tercios) y salmueras (un tercio). Australia lidera con el 36% del total, seguida por Chile (22%), China (16%) y Argentina (10%). La misma consultora ubica justamente a la Argentina entre los países con mayor potencial de crecimiento de la próxima década, aunque advierte que buena parte de la demanda proyectada para 2035 (cerca de la mitad) todavía depende de proyectos que hoy ni siquiera empezaron a construirse.
La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) registró que el carbonato de litio grado batería alcanzó en mayo su valor más alto desde fines de 2023, en un contexto de restricciones de oferta simultáneas en China, Australia y Zimbabue: suspensiones operativas y mayores exigencias regulatorias en yacimientos chinos, límites a la exportación de mineral sin procesar en Zimbabue, y ajustes de producción en Australia. El resultado fue un precio promedio para los primeros cinco meses de 2026 prácticamente el doble que el de 2025, aunque con alta volatilidad en los mercados de futuros.
El cambio más de fondo, sin embargo, aparece en cómo se está reorganizando la industria. PwC, en su informe Mine 2026: Ambition to Action, señala que la disciplina de capital pasó a pesar tanto como la calidad del yacimiento, y que las grandes mineras priorizan hoy proyectos con permisos avanzados y estabilidad regulatoria por sobre simples recursos de gran escala. El foco competitivo se está corriendo de la extracción hacia el procesamiento, la refinación y la fabricación de materiales para baterías, terreno donde China, sin tener las mayores reservas, concentra buena parte del valor de la cadena.
En esa misma línea, GEM Mining Consulting propone dejar de pensar en proyectos mineros aislados y empezar a pensar en distritos: territorios capaces de compartir infraestructura, agua, energía y licencia social. Argentina, según ese análisis, combina buen potencial económico con buen desempeño ambiental en sus distritos de litio, pero esa ventaja solo se traduce en competitividad real si el país logra sostener condiciones institucionales estables y la infraestructura que un ciclo de inversión de esta magnitud requiere.
El país sigue ampliando su cartera de inversiones bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), que ya acumula 21 proyectos aprobados por US$46.700 millones, entre ellos las ampliaciones de Cauchari-Olaroz, Sal de Oro, Rincón y Fénix, y la reciente incorporación de Tres Quebradas (3Q), en Fiambalá, Catamarca.
Los proyectos de litio del NOA concentran algunas de las mayores inversiones previstas para abastecer la creciente demanda global del mineral, pero el desafío que marcan los informes internacionales no es menor: la próxima etapa del litio no la va a definir quién tiene más reservas, sino quién logra convertir ese recurso en una cadena competitiva, con infraestructura, procesamiento y gobernanza territorial a la altura de la demanda que se viene.